AGAMENÓN: EL INDIVIDUO Y LA MASA, EN TRES PUNTOS

INTRODUCCIÓN: LA MASA ANESTESIADA

El hombre, como individuo, como sujeto rodeado de nada, es incapaz de hacer daño. Solo cuándo éste está envuelto por un tejido de circunstancias y relaciones con otros individuos, tiene la capacidad de realizar una acción que conlleve un peso moral. Por lo tanto, llegamos a la conclusión de que la moral se genera con el contexto y que el contexto marca lo que es la moral.

Nuestra realidad está construida bajo toscos pilares de convencionalismos formales que comparten todos los peones de una sociedad. Los peones que forman este colectivo social aceptan esta estructura que ya les viene dada y la fortalecen con su actitud pasiva. Son como títeres, incapaces de observar quién los dirige. El hombre moderno es marioneta desconocedora de la figura que le guía a tomar las decisiones que toma a diario, en ese sinsentido al que llamamos “rutina”. Éste está obligado a realizar labores que no entiende, tan solo, para lograr un fin artificial, un premio absurdo, una gratificación vacía producto de la sociedad del capital, el dinero.

Llamamos negación o daño a las vagas respuestas de las marionetas, a los amagos que estas hacen por cortar sus cuerdas. Al negar a su colectivo o a su dueño se dirigen a otra dirección diferente a la del resto, provocando un choque que afecta a un sector de esa masa que se mueve de forma unánime a la dirección contraria a la del individuo que experimenta la negación, esto es a lo que llamamos daño.

COMENTARIO: ENFRENTAMIENTO

Aquel día Agamenón decidió ir solo al supermercado, a su familia le encanta pasar la tarde en el supermercado, pero él decidió ir solo. Esto supone una ruptura con el rito social, un movimiento independiente del individuo. La gente ya no va a parques o a descampados a escuchar a los grillos, la gente ya no se pierde por ahí. Ahora se pasa la tarde en el supermercado o en el centro comercial, y van en grupo porque creen necesitar una mano amiga para ayudarles con las nuevas necesidades del sistema capitalista, pero en realidad no necesitan la compañía, ni la compañía ni la mitad de lo que compran. El hecho de ir a un centro comercial o a un supermercado como actividad de ocio constituye la recreación de la sociedad en su acto de gastar el dinero que le da el sistema en lo que el sistema quiere que compre, algo así como los vales que les daban a los mineros. La gente ya no va a perderse “por ahí”, solo va a perderse en su propio consumismo.

La negación de este consumo en masa sería el comprar simplemente las cosas que necesitamos, pero la obra, en su línea de llevarlo todo a lo caricaturesco, hace que Agamenón compre cosas que no necesita para nada, ni por necesidades superfluas, ni mucho menos por necesidades básicas. Ahí está la pataleta del títere, que en su subconsciente piensa: “Vosotros no me vais a decir lo que compro hoy, me niego”. Posteriormente, se da cuenta de que su movimiento es absurdo, que no concuerda con lo que haría el resto de la sociedad y lo paga con aquellos cuyas acciones van encaminadas por el camino que les es dictado.  En este momento se produce el daño, el choque, y los distintos personajes de la obra reaccionan de forma dispar a este enfrentamiento. Unos se encaran contra el personaje, ya que comparten su negación, o simplemente, su estrés, mientras otros, como la familia, son la prueba fehaciente de la anestesia colectiva.

Por lo tanto, la negación es el aspaviento del hombre renacido, que reacciona ante un mundo desconocido, con movimientos bruscos y gritos, con una violencia similar a la del uso del lenguaje que se hace en el texto. El hombre nuevo, el niño, es la última fase del camino del superhombre de Nietzsche, desconocedor absoluto de un entorno y una sociedad, que son negados por la propia naturaleza de alguien cuyas ideas no han sido construidas por otros.

Estos constructores de una sociedad de consumo, guías que señalan con su dedo índice el camino al que debe ir la masa, no tienen ni un rostro ni un nombre concretos, simplemente son aquellos a los que el dinero les ha dado ese privilegio. El dinero es, entonces, el que ha confeccionado esa masa homogénea que reniega de la idea de individuo y se aleja de lo natural.

Llegados a este punto, llegamos a la conclusión de que en lo natural está la negación de la sociedad y la vuelta a nuestro ser como individuos libres. Por eso gusta la idea de hombre primitivo, con necesidades básicas y propias, cuyo trabajo es también su retribución y que su alrededor tan solo observa un paisaje en bruto, sin rastro de civilización ni de sistema de control alguno. En donde menos ha edificado el hombre es donde más esperanza hay, allí donde no hay materiales, ni capital, solo un proyecto por hacer y múltiples posibilidades de futuro. Es por eso por lo que deberíamos ir a perdernos por ahí y a escuchar grillos, por la necesidad de un espacio diáfano, ideal para la negación de nuestra realidad.

CONCLUSIÓN: EL INDIVIDUO ACTIVO

Durante todo el texto este comentario se ha hablado de como la negación crea un movimiento bidireccional y contrario entre el sujeto y la masa. Como consecuencia de esto, la mano de la sociedad se aferra ante el sujeto que niega, generando un movimiento brusco de este, el daño. El daño afecta a la masa por el encontronazo brusco, pero también al sujeto, ya que se le ha impuesto unos valores y normas colectivos con los que rompe.

La decisión de Agamenón puede ser, por lo tanto, continuar hacia delante como ha hecho toda su vida o darse la vuelta y afrontar las consecuencias. En la obra, aparecen esbozos de ambas conductas, subidas y bajadas a la realidad, intentos de dormir o noches que pasar despierto, en vela, pensando. Y con cada conducta se nos muestran las consecuencias de esa determinada actitud.

Solo aquellos que tomen el camino de la ruptura, la negación, y que estén dispuestos a sufrir daños, serán los auténticos provocadores del progreso. Es la gente que se pierde la que inventa algo nuevo, la gente que rebusca en la basura de un bar de carretera es la que encuentra esperanza. Aquel que se queda llorando antes de dormir y que acepta su realidad se queda en la figura de peón. Mi esperanza es ser el que se pierde, el que niega, el filósofo del KFC, y esa esperanza está muy lejos de la pasividad, del rebaño que no niega o de la legión que se arrodilla.

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