LITORAL: OTRA CARTA SIN ENVIAR

¿Conoces esa sensación? Esa sensación de tener que hurgar en el bolsillo del pantalón en busca de tu DNI para que un papel plastificado te recuerde quién eres. Esa sensación de llegar a la orilla del mar, sin barca ni pasado, sin recuerdos, solo arena y un telón azulado. Ubicación desconocida, identidad enajenada, nacimiento saboteado ¿Conoces esa sensación? ¿Te conoces a ti mismo?

Ese primer día en el mundo. Supuestos rostros familiares felices, supuestas miradas puestas en ti, la más joven de las estrellas que moran hoy en el hogar que compartimos. Pero cuando tú llegaste no había jaleo, solo se oía tu llanto a la nada, el primero de tus gritos de auxilio ante una realidad que no acabas de comprender. La forma en que cae la cara de todo presentes en la habitación es la prueba patente de que tu fiesta no va a salir adelante. La enfermera ya te llevó lejos de la acción, pero ellos siguen fijos frente a la cama. Día cero, día cero y ya te han arrebatado el primer gran evento que confina la identidad de todo ser humano. Alguien arrancó bruscamente esa página del calendario, y solo puedes culparte a ti mismo.

¿Qué esperabas con ese comienzo? Es normal que ahora vayas vagando por ahí, siguiendo voces y cantos que solo tú escuchas. Te han jodido. Eso sí que es cargar a alguien con el muerto. Un muerto que no se va, uno que te escribe en cada cumpleaños, que sale y entra de la habitación sin siquiera tocar la puerta. Cartas sin enviar, entornos sin límites claros, no hay cumpleaños que celebrar. Ficción y realidad entremezclándose para tu eterno desconcierto.

Llevas siendo extranjero toda tu vida. Los bombazos te expulsaron del lugar al que perteneces, y ahora tu cuerpo se arrastra al ensueño en busca de cualquier resquicio de las miles de vidas que has perdido. Pierdes miles de vidas, reconstruyes miles de vidas. Tú sólo construyes el decorado y lo cambias, tú sólo subes a la silla del director y te bajas. Colorea el sentido de tu existencia vacía, y llena de matices el folio en blanco que te dieron.

Desconcertado por estar en un lugar que no puedes cambiar. Eres tan inútil que no eres capaz de reconocer a tu padre. Joder, ni siquiera eres capaz de reconocerte a ti ¿Cómo te llamas? Algunos te llaman Wilfrid y otros Edipo, pero casi todos están de acuerdo en que eres el espectro de vidas anteriores, las de tus padres ¿Acaso te llamas Ismail? ¿Acaso te llamas Juana? El caso es que tu llegada estará siempre vinculada con la marcha de alguno de los dos. Cuando todos los caminos te llevan al punto de retorno no hay caminos buenos, solo el abismo. Así qué ¿Qué me dices? ¿Te tiras?

 

“¡Wilfrid está aquí! ¡Ismail ha muerto!”

¡Wilfrid está aquí! Juana… Juana ha muerto

 

Llevas toda tú vida en ese cubículo en el que te encerró la enfermera, con las luces del candelabro apagadas. Así que no te queda otra cosa que soñar, es comprensible. Tu  perjudicada mente comienza a moldear paisajes y compañías, y toma como modelo lo poco que recuerdas del exterior. Un ejercicio de modelaje que proyecta sombras, que genera ideas a través de lo sensible, sin diferenciar entre mundos platónicos. Sin realidades nítidas solo queda un perpetuo rodaje, en el que eres personaje y no persona, y te envuelve en ese manto de constante ficción. Dentro de la ficción el director no existe, el actor no existe, las muertes reales no existen ¿Por qué no quedarse allí durante un instante?

Y te niegas a correr fuera de esa nube de confusión, porque, total… ¿A dónde vas a ir? Si ya no ves el suelo que pisas, si no te dieron mapa, si los eventos que parecían felices tornan a tristes, y las corridas se convierten en llanto. Te veo levitar, a tu alrededor no existe el espacio ni el tiempo, solo un croma que juega a llevarte a los lugares que nunca visitaste. Y el croma es tu realidad, y está bien que así sea.

Nunca tuviste un gran vínculo fuera de esos mundos internos. Tu padre fue un eterno fantasma, resucitando con cada escrito, y volviendo a morir al dejar que la carta se llenara de polvo, convirtiéndote en ese eterno “no destinatario”. Y sí, en el sobre figura tu nombre, pero has tenido tantos nombres que me parece imposible que el documento llegue a su destino. Tampoco creo saber del todo tu dirección, has estado en muchos sitios y no te paras demasiado tiempo a contemplar el paisaje. Corre chico, corre. Corre de los fantasmas, de las voces, de los cantos. Huye de la realidad. Tú que naciste exiliado y morirás exiliado.

Para finalizar, he de decirte que lograste llevarme contigo a tus mundos oníricos. Tu relato me llevaba violentamente de un lado a otro sin descanso. Estaba en todos lados y en ninguno. Cambios de escenario en un parpadeo, que activaban mi estado de alerta. Tu día a día traducido en esquizofrenia literaria. Y sí, he dado un paseo por tu historia, pero no me he topado con tu madre, solo con una tal Juana. Quizás no recibe el calificativo de “madre” porque nunca cruzasteis caminos. Dos entes caminando en paralelo condicionados el uno por el otro. Al morir Juana, tu realidad quedó alienada y comenzaron tus fantasías.  Dos dimensiones que no convergen en ningún punto pero que se modifican y entremezclan entre sí, realidad y ficción.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: