¿IDENTIDAD O MEMORIA?

Ayer, otra vez, me tiré toda la tarde esperando al cuco. Pensé en mi calendario, con diez cuadrículas en blanco por cada fecha señalada. Había dado la vuelta a cada foto dentro de mi habitación. Salí al balcón, miré como las siluetas desfilaban con prisa por nada. Ayer, otra vez, volví a escuchar esa canción que pasó del bucle al olvido. Pasó del bucle al olvido con el canto del cuco.

No sé si venía de la calle o de mi cabeza, nunca estoy del todo seguro. En cualquier caso, siempre bajo corriendo las escaleras para confirmar su procedencia. Me asomé a la puerta, y vi de nuevo su figura, así que dejé la puerta entreabierta y fui tras ella. Nada más parece importar cuando la veo. No iba demasiado rápido, así que yo tampoco me apresuré. Todas y cada una de las veces que la he perseguido (no muchas) me ha dado la impresión de que su voluntad era que disfrute del paseo. Así que observé las calles que ayer lucían un poco mejor que hoy, pero peor que anteayer. Caminaba descalzo por la prisa con la que me había marchado. Salí descalzo y dejé la puerta abierta. Pies descalzos y puerta abierta por seguir su rastro.

La figura no se detenía, así que seguí la melodía sin pensar en la pedregosa superficie sobre la que caminaba. Ya la había perdido de vista muchas veces, tenía que detenerse en algún punto. Cuando consideró que mi viacrucis personal era el adecuado, giró en una esquina, y desapareció de mi vista. La canción dejó de sonar.

Llegué a un callejón por el que había pasado unas cuantas veces. No era un callejón en el que detenerse. No tiene salida, solo unos contenedores más ornamentales que útiles. Nadie suele caminar hasta ese callejón para desechar su basura. Sin embargo, recuerdo que la semana pasada alguien dejó un espejo viejo y con un marco que apenas lucía resquicios de la pintura dorada que lo cubría en otros tiempos. En todo caso, el espejo ya no estaba. Esa figura se había quedado quieta, allí, de pie. Nunca la había visto parada. Reconocí quién era enseguida. Era incómodo. El papel de perseguidor me pareció entonces más llevadero que el de observador.

Su sonrisa levemente inclinada a la derecha me resultaba irritante, no era burlona en absoluto, pero me incitaba a la violencia. Pensé que había estado perdiendo el tiempo, persiguiendo a una de las muchas siluetas que cruzaban la calle paralela a mi balcón, sin dejar estela ni huella. Y es que, el tipo que tenía frente a mí, no tenía, en absoluto, nada de especial. No le saludé y mucho menos me despedí.

No recuerdo el camino de vuelta a casa. Supongo que eso es algo bueno. Me senté en el sofá. Iba a poner algo de música, pero no quedaba nada que escuchar. Sustituí la melodía por un vaso agrietado (el único que tengo), lo llené, y me senté en el sofá. Me mantuve entre el pensamiento y el sueño durante horas. Y en medio de todo ello estaba él. Él y las cosas que yo nunca tendré. Él y la chica con la que yo nunca estaré. Es un tío corriente. Un tío corriente del que siento celos.

Así que, por hoy, dejaré las fotos dadas la vuelta. No quiero volver a ver su cara durante mucho tiempo. El único “yo real” que quiero ver es el que se refleja en mi vaso. No sé si se llevó mi identidad, o si simplemente la reveló. La última vez que le había visto cogió de la mano a esa chica, y giró la esquina para desaparecer. Recordé cuando los tres éramos únicamente dos. Ahora solo estoy yo, yo y un par de siluetas del pasado. Soy una secuela sin protagonista, una voz en off que narra flashbacks de otros.

Ayer, por vez primera, me vi a mí mismo cuando era otro. Pensé en los calendarios que había tirado, con todas y cada una de las fechas señaladas, con trazo firme. No sé si ese Víctor era más real que el de ahora. A mí, personalmente, me parece un idiota. El caso es que logró superarme en todo. Ayer, por primera vez, se me pasó el canto del cuco preguntándome a dónde me había ido.

NOTA: Últimamente, con los libros que se han propuesto en la asignatura, he estado leyendo sobre cómo el medio, la sociedad, o el sistema nos cambia de lugar. También he estado leyendo sobre como  el pasado no termina de irse, permanece como invitado, como copiloto, en una realidad que no puede dirigir, pero intenta hacerlo, intenta hacerlo con sus indicaciones tardías, con su continua remarcación de errores.

Es cierto que nadie llega a ser del todo quién quiere ser, pero puedes llegar a ser ese atontado de sonrisa inclinada levemente a la derecha. No sé si el no llegar a conformarme con eso fue causa o efecto de una serie de cambios que separaron la vida que podía haber vivido y la que vivo ahora. En cualquier caso, todo encuentro con ese pasado me supone un choque violento. Son muchos los factores externos los que condicionan mi identidad, pero fui yo mismo el que decidió llevarse una parte de ella para, solo de vez en cuando, volver con la apariencia de un espectro.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: